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La cruda moral después de un atascón

No soy una persona que hace mucho ejercicio, sólo salgo a correr dos veces por semana, en ocasiones tres si me va bien en el trabajo, pues suele ser muy demandante, por eso también evito comer demasiado y procuro tener una alimentación balanceada, aunque hay veces que me doy mis gustos comiendo pizza o la ya famosa vitamina T: tacos, tortas, tlacoyos, tamales, etc. Sin embargo, hace poco fui a una fiesta y me dejé llevar por uno de los pecados capitales con el cual siempre estoy en constante lucha, y es la gula. Era el festejo de uno de mis mejores amigos y lo hizo en grande, con litros y litros de alcohol, además de contratar un servicio de taquizas para fiestas. Una gran variedad de bebidas y de tacos llenaban el lugar con aromas deliciosos, lo que provocaba una lucha interna en mí. ¿Comer o no comer? He ahí el dilema.

La fiesta comenzó, los tacos de pastor, suadero, longaniza, campechanos y uno que otro de guisado comenzaron a emanar olores irresistibles, así que sucumbí ante la tentación y fui a servirme mi primera orden de tacos, los cuales tendrían en las cervezas a su mejor complemento. Esa primera orden de tres hermosos y deliciosos tacos se convirtió en dos, tres, cuatro y cinco. Supe que había sobrepasado mi límite de ingesta de alimentos, además de que había complementado con las bebidas embriagantes. Es obvio que este pensamiento no me pasó mientras estaba en la fiesta, fue al día siguiente, cuando mi estómago resintió todo lo que había ingerido y me sentía culpable por no haber tenido la fuerza de voluntad necesaria para sólo comerme uno o dos tacos.

Después de recriminarme un par de minutos, decidí que mi cuerpo tendría que pagar las consecuencias de mis actos, por lo que me alisté. Me cambié de ropa, me puse unos pants, playera, sudadera y me coloqué lo tenis para salir a correr por un par de horas. El día estaba nublado y frío, lo que casi provoca que quiera regresar a mi cama y cubrirme con mis cobijas, pero sólo regresé para ponerme una playera extra y no padecer de las inclemencias del clima. La meta era caminar, después trotar y por último correr hasta cumplir las dos horas, pero cuando ya estaba en la tercera etapa, sólo podía pensar en todo lo que había consumido y seguí por una hora y media más.

Quizá lo que hice sea algo exagerado para muchos de ustedes, o posiblemente piensen que tengo algún trastorno alimenticio o un problema psicológico, pero ninguna de las opciones antes mencionadas es verdad. Lo hago porque de pequeño sufrí de sobrepeso, lo que me provocó algunos problemas de salud y encontronazos sociales, es decir, bullying por parte de compañeros del colegio o bromas ‘inocentes’ por parte de algunos familiares como primos o tíos, que aunque eran en broma o de cariño, como ellos decían, llega un punto en el que dejan de serlo y te comienzan a afectar. Además me costó mucho trabajo lograr llegar a mi peso, fue un infierno, pues como les dije, no era mucho de hacer ejercicio y opté por comer sano, dejando de lado alimentos chatarra que todo niño, adolescente o joven consume.

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La Gran Regata

Hace dos semanas viajamos a uno de los más populares hoteles en Veracruz para ver una regata de donde participan competidores de todo el continente americano. Esta regata es espectacular ya que los veleros que participan parecen ser hechos por los estudios de producción de Hollywood ya que se pone mucho énfasis en la estética de las naves, algo realmente impresionante al ver como navegan sobre las olas con una velocidad impactante para su tamaño y tomando en cuenta que su único propulsor es el viento como bien se hacia en los viejos tiempos de la navegación.

La regata se puede ver desde muchos puntos, uno de ellos siendo el club de yates de aquel puerto donde hay muchas personas influyentes y donde se sirve champaña ilimitado durante todo el evento y durante esa noche, no obstante el boleto para poder estar ahí esta en tres mil dólares por persona. Este precio es bastante elevado tanto para mi como para muchas otras personas por lo que la mejor opción es simplemente tomar el hotel. Ya que así se es posible ver desde el balcón toda la regata sin tener que pagar tres mil dólares por cada cabeza.

Si hay algo que me impresiona de estas regatas, es el físico que se tiene que tener para poder navegar de esta manera fugaz y maniobrar con los buques grandes como si fueran de papel, inclusive haciéndoles faltar como ballenas de hierro y fibra sobre el mar picado característico de las regatas, un mar que es capaz de voltear a un buque pese a la gran eficiencia que tiene la quilla para contrarrestar las fuerzas internas del mar como es el caso de las corrientes y contracorrientes. Todo esto depende en el modo de utilizar las pesadas cuerdas del buque.

Asimismo se debe de tener un gran conocimiento del mar y sus formas para saber que hacer cuando. Por ejemplo, estos navegantes saben muy bien cuando se aproxima una ráfaga de viento ya antes de sentirla ya que estas forman una especie de cresta blanca en la punta de las olas lo que en si les prepara para hacer en cambio de vela en tempo para ganar kilometraje rápido y derrotar así a sus competidores no tan hábiles. Asimismo deben de tener absoluto conocimiento de las profundidades y de los obstáculos submarinos que les pueden descarrilar.

Una parte elemental de una carrera y del poderse desempeñar bien en ella, es el poder trabajar en equipo con la sincronía del reloj a que la mala coordinación de un solo miembro de la tripulación le puede costar la regata al resto por lo que se deben de conocer de manera casi ridícula. Para esto, es necesario entrenar de manera voraz todos los días además de estar en la misma forma física y mental. Es esta sincronización o la falta de la misma donde se encuentra la clave de la victoria en una regata profesional.

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